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LAS SEMILLAS DE LA ABUELA – PARTE III: "El Canto de la Tierra"

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 El Canto de la Tierra. Nadie recordaba a Tomás. Ni su nombre, ni su rostro, ni siquiera la casa vieja donde había vivido la abuela Rosa. Pero el campo sí. El campo lo recordaba todo. La primavera llegó demasiado rápido ese año. Los surcos del fundo, abandonados desde hacía meses, estallaron de flores y mazorcas. La gente del pueblo bajaba a mirar aquel milagro verde que crecía sin manos que lo cuidaran. “Bendición del cielo”, decían. “Regalo de los antiguos”, murmuraban los más viejos. Una noche sin luna, el viento trajo un canto. No era humano, ni animal. Era un murmullo profundo, como si la tierra hablara desde sus raíces. Los perros se escondieron, y los gallos cantaron a deshora. Los más ancianos dijeron que era la tierra que recordaba , y que cuando el campo canta, alguien ha vuelto a germinar. A la mañana siguiente, los niños del pueblo empezaron a encontrar cosas en la tierra: una medalla oxidada, una hebilla con iniciales, un zapato pequeño. Y entre las hile...

LAS SEMILLAS DE LA ABUELA – PARTE II: "La Cosecha del Olvido"

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  La Cosecha del Olvido. La abuela Rosa murió en pleno invierno. No fue una muerte triste ni repentina; simplemente se fue quedando quieta, como si la tierra la llamara. Tomás la enterró detrás de la casa, junto al maizal. El mismo día, el cielo se abrió en un aguacero que no paró por una semana. Después de la lluvia, las plantas crecieron de golpe. Las mazorcas eran enormes, doradas, sin una sola mancha. La gente del pueblo empezó a venir a comprarle, maravillada. “Milagro de Dios”, decían. Tomás no se atrevía a corregirlos. Pero el campo estaba distinto. Por las noches, los perros aullaban mirando la tierra. A veces, el suelo temblaba como si respirara. Y en el silencio, Tomás escuchaba un murmullo, bajo, persistente. Eran voces. Susurraban desde las raíces. Una tarde, mientras limpiaba el pozo, encontró una caja de madera envuelta en trapos húmedos. Dentro había sobres viejos con nombres escritos: Delia , Eulogio , María Inés … todos vecinos del sector. Al fondo de...

LAS SEMILLAS DE LA ABUELA - Parte I "Tierra no Olvida"

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  "Tierra no Olvida" El bus dejó a Tomás en el cruce de tierra al atardecer. El aire olía a humo y pasto seco. A lo lejos, la casa de su abuela seguía igual: las tejas cubiertas de musgo, las ventanas oscuras, y ese silencio espeso que siempre le pareció mirar. Habían pasado más de diez años desde la última vez que estuvo ahí. La abuela Rosa nunca quiso dejar el campo, aunque todos se hubieran ido. Decía que mientras quedaran semillas, la familia no moriría. Lo recibió en la puerta con un delantal viejo y las manos manchadas de tierra. —Llegaste justo pa’ la luna menguante —dijo sin mirarlo—. Es buen tiempo pa’ sembrar lo que se recuerda. Tomás sonrió incómodo, sin entender del todo. Al día siguiente, la abuela lo llevó a la huerta. El Choclo crecía alto, imposible de creer. No había llovido en semanas, pero las hojas estaban verdes y tensas, como si bebieran luz. —¿Qué clase de semillas son estas, abuela? —preguntó. Ella se agachó, tomó un puñado de tierra húmeda y resp...

Serie “Püllüken: la Sangre del Bosque” Capítulo V — Püllü (Espíritu)

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 Capítulo V — Püllü (Espíritu) La tarde descendía con paso ansioso sobre la Araucanía. Un crepúsculo gris-anaranjado cubría los cordones de pinos como un vendaje sucio; más allá del horizonte, la luna aguardaba su cita con la sombra. Sobre la Ruta 12 , góndolas cargadas de combustible formaban un convoy silente. Comandante Molina miraba su reloj cada pocos segundos: debía llegar al menoko antes de la primera mordida del eclipse; prendería un “cortafuegos preventivo” y culparía a los comuneros de terrorismo. En el humedal, sin embargo, todo estaba preparado para la contraofensiva ritual. 1. El círculo de araucarias Bajo un anillo de pehuenes centenarios , Ñamku había trazado un círculo con la agua de sueños recogida la noche anterior. Cada gota depositada sobre la hojarasca abría un anillo iridiscente; el bosque parecía inhalar aquel rocío. En el centro aguardaba un tronco hueco de araucaria , venerable y rajado por rayos pasados: sería el receptáculo donde Püllüken se ofrecerí...

Serie “Püllüken: la Sangre del Bosque” Capítulo IV — Wüñoy (Sueño)

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 Capítulo IV — Wüñoy (Sueño) La luna creciente se cernía baja y anaranjada sobre el menoko como un ojo insomne. Un viento tibio, impropio del invierno, hizo ondular las totoras mientras Kürüf conducía a una veintena de comuneros hacia la isleta central del humedal. Todos vestían ponchos de ñire y portaban alguna pertenencia íntima: una fotografía, un trozo de corteza, un puñado de semillas. La machi Ñamku los aguardaba en un claro, donde el musgo brillaba con un fulgor pálido que parecía emanar del suelo mismo. Aquella noche celebrarían el Pewma-tuwün , la reunión de sueños colectivos. Dormirían bajo el cielo abierto, compartiendo un mismo fuego y un mismo sopor de hierbas para dialogar con los ngen —los espíritus del lugar— y, tal vez, con la entidad roja que ahora custodiaba violentamente el bosque. “Solo en el sueño —había dicho Ñamku— se puede escuchar la voz que la savia susurra a la sangre”. Elena Valdés se incorporó al grupo con una manta prestada. Nunca había partic...

Serie “Püllüken: la Sangre del Bosque” Capítulo III — Rüpu (Camino)

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 Capítulo III — Rüpu (Camino) El olor a asfalto caliente se mezclaba con resina fresca en la Ruta 38-F , tramo forestal recién “habilitado” por la empresa para sus camiones troceros. A ambos lados, los pinos en hileras perfectas formaban un pasillo de sombras donde el sol apenas filtraba luz oblicua. Comandante Molina supervisaba la instalación de un retén portátil: tres contenedores apilados, reflectores de sodio, un dron de vigilancia zumbando sobre las copas y un letrero enorme: PROPIEDAD PRIVADA – ACCESO RESTRINGIDO . En la garita, el jefe de seguridad estudiaba un mapa plastificado: líneas fluorescentes marcaban desvíos y caletas de carga. Había perdido un puente entero y dos camiones la semana anterior; su contrato pendía de un hilo. “Esto ya no es sabotaje—es guerra psicológica”, masculló, alisándose el bigote recortado. Un técnico apoyó en el suelo bidones de químico retardante de fuego; Molina no pensaba dejar que otra raíz ardiente redujera su flota a chatarra. El tra...

Serie “Püllüken: la Sangre del Bosque” Capítulo II — Ko (Agua)

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 Capítulo II — Ko (Agua) El invierno se apoderaba del valle, y la niebla escarchada planchaba el cauce del Rüku Leufü , un brazo menor del río Cautín que serpenteaba entre colinas de pinos rectilíneos. A media mañana, Elena Valdés descendió por la zanja de servicio con las botas embarradas y una tablet empapada de humedad; necesitaba medir turbidez y conductividad del agua para su “informe de sustentabilidad”. El sol, apenas un disco lechoso, no alcanzaba a templar la helada que se colaba por la cremallera de su chaqueta. En la ribera aguardaban Kürüf y Ñamku . El joven llevaba el rostro tenso: todavía sentía el latido extraño de la corteza viva que había brotado del acero el día anterior. La machi sostenía un canasto con hojas de murtas , ramas de palma chilena y un cuenco de greda; sus pasos apenas oprimían el barro. Elena llegó exhalando vapor. —Ingeniera —saludó Kürüf, señalando el agua gris—. Antes de tu muestreo, haremos un ellutun . El río necesita que lo escuchen. Elena...